La memoria también corre en autitos de colección

Un artesano que desde hace un cuarto de siglo fabrica autitos de colección logra revivir algunas de las páginas más recordadas del automovilismo argentino a partir de un trabajo minucioso, hecho íntegramente a mano, que combina memoria, oficio y una pasión que atraviesa generaciones de fanáticos del deporte.

Se trata de Gustavo Ambrosio, quien tiene su taller en el barrio porteño de Almagro y desde allí reproduce a escala vehículos históricos que marcaron distintas épocas de las pistas nacionales e internacionales, un trabajo que convoca tanto a coleccionistas como a aficionados que buscan un objeto cargado de historia para regalar o conservar. “Soy artesano y trabajo en esto desde hace 25 años”, contó, al explicar que cada pieza implica horas de investigación y un proceso completamente manual.

Ambrosio relató que su formación estuvo vinculada al Grupo de Modelistas Argentinos, un espacio que fue clave para animarlo a dedicarse de lleno a la actividad, aunque aclaró que la vocación viene de mucho antes. “El amor a los autos viene desde que nací”, afirmó, y explicó que con el paso del tiempo fue afinando sus preferencias dentro del universo del automovilismo. “Conozco la historia mundial, pero me gustan los argentinos y hasta determinada época. Me interesa muchísimo lo que fueron los comienzos del automovilismo en el país y las etapas evolutivas”, señaló.

La difusión de su trabajo se dio de manera casi artesanal, como las piezas que produce, a partir del boca en boca entre coleccionistas y fanáticos. “Primero vino un coleccionista, que se enteró, después vino otro. Alguna vez yo exponía en mi club y ahí me fui haciendo conocido, porque iban los pocos negocios que había en Argentina dedicados al rubro”, recordó. Con el tiempo, esa red de contactos derivó no solo en encargos constantes sino también en amistades que se sostienen alrededor de la misma pasión.

Según explicó, ya lleva realizadas 1.211 unidades, todas diferentes entre sí, y la demanda suele concentrarse en figuras emblemáticas del automovilismo nacional. “Los más pedidos son los autos de Fangio”, dijo al quíntuple campeón mundial de Fórmula 1 que compitió para marcas como Mercedes-Benz, Maserati, Alfa Romeo y Ferrari. En esa misma línea mencionó a José Froilán González, “El Toro de la Pampa”, recordado por haberle dado a Ferrari su primera victoria en la máxima categoría en el Gran Premio de Silverstone.

El listado de nombres continúa con ídolos del automovilismo local que dejaron huella en distintas categorías. “También hago mucho de Traverso, Satriano, García Veiga, Di Palma”, enumeró, al destacar que cada encargo supone reconstruir no solo un auto sino también una etapa y un contexto del deporte argentino.

Consultado sobre qué lo impulsa a seguir, Ambrosio no dudó en señalar que el motor principal es la pasión, aunque reconoció que el desafío técnico ocupa un lugar central. “Me motiva la pasión y el desafío de poder elaborar las réplicas”, explicó. En ese sentido, contó que actualmente trabaja en proyectos especialmente complejos. “Ahora estoy muy enganchado con hacer un prototipo peruano, por ejemplo, pero tengo que tener tiempo. También estamos terminando con un amigo toda la historia del Sport Prototipo Argentino”, una categoría que existió entre 1969 y 1973.

Ese período presenta dificultades particulares por la constante evolución de los autos. “Los pilotos eran mecánicos, entonces corrían con un auto y para la otra carrera ya lo habían modificado, y después otra vez. Pauloni corrió tres años pero usó ocho coches, y yo tengo los ocho, con todas las modificaciones”, explicó, al dar cuenta del nivel de detalle que exige cada reproducción.

El proceso de trabajo comienza con la recopilación de fotografías, videos y datos históricos, y continúa con la construcción desde cero del modelo. “Yo no trabajo más que con las manos”, resumió. El plástico y la masilla son los materiales básicos, a los que se suman el moldeado, el lijado, la pintura, las calcomanías y el armado final. “Tenés que hacer el auto de cero, invertir en copiarlo y copiar”, afirmó.

En cada una de esas piezas en miniatura se condensan no solo la destreza artesanal de quien las fabrica, sino también una parte de la historia del automovilismo argentino, que vuelve a circular, a pequeña escala, entre vitrinas, escritorios y colecciones privadas.

Fuente: Xinhua

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