Con la primera luz del día filtrándose sobre las aguas tranquilas de un lago de Siem Reap, decenas de aldeanos se concentraron este domingo en la ribera para participar en una ceremonia tradicional de captura de peces que marca el inicio de la temporada. La escena, cargada de un ritual transmitido por generaciones, contrasta con el bullicio turístico que suele definir a esta provincia camboyana, famosa por albergar los templos de Angkor. Hombres y mujeres, con los pies hundidos en el lodo fresco y las canastas de bambú preparadas, esperaron la señal para comenzar el lance colectivo.

La ceremonia, que se celebra cada año al inicio de la estación seca, no es solo una práctica de subsistencia, sino un acto comunitario que refuerza los lazos sociales y el respeto por los ciclos naturales. Según explicaron los ancianos de la comunidad, el ritual incluye una ofrenda simbólica a los espíritus del agua, pidiendo permiso y abundancia. Solo después de este breve acto de gratitud, los pescadores avanzaron en grupos hacia las zonas más profundas, donde lanzaron sus redes con movimientos sincronizados que dibujaron arcos perfectos contra el cielo matinal.
Para muchas familias de la provincia de Siem Reap, esta pesca ceremonial representa una parte vital de su seguridad alimentaria y economía familiar. Los primeros ejemplares capturados – principalmente carpas y tilapias – se destinarán al consumo directo, mientras que el excedente se comercializará en los mercados vecinos. “Esto no es solo pescar, es recordar quiénes somos”, comentó Sok Vannak, un pescador de 52 años, mientras vaciaba su red. “Antes del turismo y los hoteles, esto era nuestra vida. Seguir haciéndolo nos mantiene conectados con nuestra tierra”.

La actividad se desarrolló sin incidentes y bajo la mirada de autoridades locales, que promueven estas tradiciones como patrimonio cultural vivo. Paralelamente, algunos operadores turísticos han comenzado a incluir la ceremonia en sus itinerarios alternativos, ofreciendo a los visitantes una ventana auténtica a las costumbres rurales jemeres.
Mientras el sol ascendía y las canastas se llenaban, el lago se convirtió por unas horas en un testimonio flotante de una forma de vida que persiste, resistente y llena de significado, frente al ritmo acelerado de la modernidad.
