Las acciones y los bonos de los mercados emergentes han registrado el mejor inicio de año en más de dos décadas.
Más allá de Corea del Sur, se ha producido un desplazamiento generalizado de capital hacia los mercados emergentes, impulsado por factores favorables vinculados a las materias primas y a sectores específicos, con entradas de capital un 112% superiores a las del año pasado. Perú se ubicó en segundo lugar, con una ganancia aproximada del 100%. Tailandia avanzó un 11,9%, mientras que Brasil se disparó un 60,9%. El oro ha superado los 5.000 dólares por onza, mientras que la plata cotiza en torno a los 90 dólares por onza.


“Los mercados emergentes están reafirmando su prima estructural de crecimiento frente a los desarrollados, respaldados por un mayor crecimiento económico, una mejora en la dinámica de ganancias, flexibilidad de política y un entorno cambiario más favorable”, señala un informe reciente de KTrade Securities.

Disuadidos por los históricamente elevados déficits de Estados Unidos y una postura de política más orientada hacia adentro, los inversores apuestan cada vez más a que las ganancias corporativas en los mercados emergentes seguirán el ritmo de su mayor crecimiento económico. La inversión en crédito privado en mercados emergentes alcanzó un récord de 22.300 millones de dólares en 2025, casi un 40% por encima del máximo anterior de 2022. Este aumento se produce en un contexto de condiciones de crédito bancario más restrictivas y una búsqueda global de rendimiento que empuja a los inversores hacia activos alternativos, especialmente mientras los mercados tradicionalmente seguros experimentan una mayor volatilidad.

La IA mira hacia el este
La ansiedad de los inversores frente a la disrupción de la inteligencia artificial se ha convertido en un factor inmediato. En Estados Unidos, las preocupaciones de que la IA generativa y la IA basada en agentes puedan erosionar las ganancias en sectores como el software, los servicios legales, el sector inmobiliario y los seguros han afectado el ánimo del mercado. Bank of America señala que la capitalización bursátil de la industria del software en Estados Unidos ha caído en más de 2 billones de dólares en apenas cinco meses. Datos publicados esta semana por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos mostraron una caída inesperada de 92.000 empleos no agrícolas en febrero, intensificando los temores de que la IA pueda comenzar a alterar los mercados laborales antes de lo previsto.

Las acciones asiáticas, en cambio, han subido con fuerza, impulsadas por una demanda sostenida a lo largo de los segmentos iniciales de la cadena de suministro de la IA, lo que está dando lugar a una rotación de capital en la que los inversores globales reasignan fondos desde los pioneros de la IA en Estados Unidos -con elevados gastos de capital- hacia proveedores asiáticos de hardware con mayor poder de fijación de precios.

“El relato global de inversión ha pasado de quién inventa la IA a quién provee la infraestructura indispensable, una dinámica que beneficia fuertemente a los mercados asiáticos”, señala el informe de KTrade.
Al identificar a la IA como la oportunidad estructural más importante de la próxima década, Goldman Sachs proyecta que el índice MSCI China suba otro 20% desde fines de 2025 hasta fines de 2026. También prevé un crecimiento de ganancias cercano al 14% para las empresas chinas cotizantes en 2026, liderado por los sectores tecnológico y vinculados a la IA.
Esta rotación refleja un cambio más amplio en las preferencias de los inversores, que se alejan de los desarrolladores de aplicaciones de IA para orientarse hacia los “picos y palas” de la IA: los líderes de hardware en el núcleo de la cadena de suministro de semiconductores. “Los fabricantes de chips que se benefician de mayores precios de memoria y de un mayor poder de fijación de precios se encuentran entre los principales destinos del capital que sale de las acciones estadounidenses”, según el informe.

Un dólar más débil, un mundo más amplio
El dólar estadounidense, que ha caído a un mínimo de cuatro años, actúa como un poderoso catalizador para la diversificación fuera de los activos de Estados Unidos.
El real brasileño, el peso mexicano, el peso chileno y el rand sudafricano registran apreciaciones del 5% al 6% frente al dólar si se incluyen los rendimientos derivados de las altas tasas de interés que ofrecen esos países. Colombia y Corea del Sur han visto subir sus mercados bursátiles más de un 20% en términos de dólares este mes. Paralelamente, avanza una tendencia estructural de desdolarización, con bancos centrales reduciendo sus reservas en dólares en favor del oro. Datos del World Gold Council muestran que, en los últimos 12 meses, la compra neta promedio de oro por parte de los bancos centrales globales fue de 27 toneladas.

Las condiciones fiscales y monetarias de Estados Unidos constituyen una restricción adicional para el índice del dólar. La deuda nacional ha superado el 120% del PIB, y la Reserva Federal mantuvo las tasas sin cambios en el rango de 3,50%–3,75% en su reunión de enero de 2026, señalando que la inflación se mantiene por encima del objetivo y que la desinflación podría ser lenta y no lineal. El bloqueo político amenaza con retrasar reformas, mientras que un fallo de un tribunal federal que declara ilegales aspectos de las políticas comerciales de la administración añade más incertidumbre.
“La debilidad del dólar ayudó a que las acciones fuera de Estados Unidos tomaran el liderazgo. El desempeño de los índices de referencia en 2025 también puso de relieve una divergencia entre los mercados estadounidenses y no estadounidenses, con el índice FTSE All-World ex US registrando un rendimiento total del 32,6%, muy por delante del 18,0% del índice FTSE USA”, señala London Stock Exchange Group.

Más importante que la desdolarización en sí misma, sin embargo, son las mejoras en la infraestructura de liquidación transfronteriza. Plataformas como Project mBridge y otras iniciativas de monedas digitales han reducido significativamente los tiempos de liquidación y los costos de transacción.
La marea cambia
“Tras más de una década de mejor desempeño de Estados Unidos, 2026 se perfila como un posible punto de inflexión para la reasignación global de capital, ya que se espera que varios factores estructurales actúen como catalizadores”, señala el informe.
Uno de ellos es la persistencia de diferenciales de rendimiento: las tasas de interés reales en los mercados emergentes siguen siendo considerablemente más altas que en las economías desarrolladas. A medida que la Reserva Federal avanza hacia un ciclo de flexibilización, la ventaja de carry resultante probablemente atraerá flujos sostenidos hacia la deuda y las acciones de mercados emergentes.
Otro factor es la percepción institucional. Los inversores perciben cada vez más a los mercados desarrollados como fuentes de turbulencia política -especialmente en Estados Unidos, donde la presión fiscal sobre la política monetaria y el bloqueo legislativo pesan cada vez más-, mientras que muchos mercados emergentes son vistos como poseedores de disciplina monetaria y fiscal ortodoxa, particularmente tras el ciclo posterior a la pandemia. Según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento del PIB en las economías desarrolladas se proyecta en 1,4% para 2025 y 1,6% para 2026, frente al 4,2% para los mercados emergentes en 2025 y alrededor del 4% en 2027.
Por primera vez en los ciclos recientes, se proyecta que el crecimiento de las ganancias en los mercados emergentes supere o iguale al de los mercados desarrollados. En los próximos dos años, se espera que las ganancias en mercados emergentes crezcan a una tasa anual compuesta de aproximadamente 14,9%, ligeramente por encima del 14,5% proyectado para el S&P 500. Crucialmente, este crecimiento se está volviendo más amplio. A diferencia de Estados Unidos -donde más del 70% de la expansión de las ganancias se ha concentrado en el sector tecnológico-, el crecimiento en los mercados emergentes está cada vez más diversificado entre los sectores financiero, industrial y de consumo, abarcando Asia-Pacífico, el Sudeste Asiático y América Latina.
(*) El autor es editor especializado en China de la red de medios Internews Pakistan y actualmente colabora con la Escuela de Política Pública y Gestión de la Universidad de Tsinghua, en Beijing, China.
