Todos llevamos un viejo encima: China le pone una ficha al Doble Nueve

Octubre es el mes nacional de respeto a los mayores en China, una tradición de raíces milenarias que hoy se actualiza con campañas contra las estafas, políticas de cuidado y pequeños gestos para achicar la distancia entre padres e hijos. Qué es el Festival del Doble Nueve.

Si no estuviese tan oscuro
A la vuelta de la esquina
O simplemente, si todos
Entendiésemos que todos
Llevamos un viejo encima
(Llegar a viejo, Joan Manuel Serrat)

Un celular que suena pero nadie atiende. Una visita que se posterga para un fin de semana que nunca llega. Una caminata que jamás encuentra el momento justo. Una hija que, mientras trabaja, apenas envía un sticker por WeChat, cuando del otro lado esperaban escuchar su voz. Son situaciones cada vez más comunes en las relaciones con las personas mayores en China, que una campaña de “micro-piedad filial” busca poner en el centro del debate de cientos de millones de familias. 

La iniciativa forma parte del Mes del Respeto a los Mayores, que se celebra durante todo octubre y tiene en el tradicional Festival del Doble Nueve su fecha más emblemática. Este año, la agenda pone el acento en la protección de los derechos y la seguridad, dos problemas que van mucho más allá de las ayudas económicas o de la pregunta sobre quién cuidará a los padres cuando ya no puedan valerse por sí mismos.

Desde el gobierno, observan que hay formas de desatención doméstica que a veces resultan difíciles de medir, pero que terminan involucrando a cientos de millones de personas, dada la escala poblacional de China. Los números hablan por sí solos. A fines de 2025, el país alcanzó los 323,38 millones de habitantes de 60 años o más, equivalentes al 23% de su población, al tiempo que se prevé que esta cifra supere los 400 millones en solo una década.

Durante 2026, la intención de mejorar la calidad de vida de los adultos mayores se tradujo en una serie de políticas concretas, como la entrega de subsidios mensuales de 800 yuanes a unos 2 millones de discapacitados, y la alimentación de más de 4 millones de personas que son atendidas a diario en 82.000 comedores distribuidos en todo el país. A eso se suma la ampliación de los llamados “círculos de vida de 15 minutos” y los avances, paso a paso, para acercar la tecnología a los ancianos.

Visitar a un abuelo que vive solo, prevenirlo de una caída, ayudarlo a utilizar un teléfono o acompañarlo frente a una duda legal forman parte de las actividades previstas para este octubre por el Comité Nacional Chino sobre el Envejecimiento (CNCA), a través del lanzamiento de campañas como “Disfrutando de una feliz vejez”, “La felicidad llama a la puerta, el calor llega a los hogares” y “Campaña Nacional de Educación Jurídica para Personas Mayores”. 

Todo esto ocurre en una sociedad que envejece a un ritmo acelerado, con una esperanza de vida que alcanzaba a fines de 2025 los 79,25 años y que, según las previsiones del XV Plan Quinquenal, llegaría a 80 en 2030. Cinco años no es nada.

En otros países, la discusión sobre la vejez tiene otro nivel de prioridades, con millones de jubilados que apenas llegan a mitad de mes con sus magros ingresos. En China, en cambio, aparecen otros problemas propios de una sociedad que vive más y se digitaliza a toda velocidad.

En este marco, el CNCA advierte que la digitalización de pagos y trámites facilitó la vida cotidiana de los ancianos, pero también abrió nuevas oportunidades para quienes buscan engañarlos. Los 551 casos de recaudación ilegal de fondos y las 6.847 estafas detectadas en 2025 encendieron otra alarma y llevaron a reforzar asesoramientos gratuitos, educación antifraude y difusión de casos relacionados con publicidad engañosa de productos de salud, viajes de bajo costo usados como puerta de entrada a negocios fraudulentos, inversiones ilegales y venta de obras de arte falsificadas. 

El teléfono que antes podía servir para acortar la distancia entre un hijo y sus padres también puede convertirse en la puerta de entrada de una estafa, destacan desde el organismo dependiente del Consejo de Estado.

Una tradición renovada

El respeto a los mayores tiene raíces milenarias en China. La piedad filial (xiào), asociada al cuidado y respeto de los padres, ocupa un lugar central en la tradición confuciana, y durante siglos funcionó como una de las bases de las relaciones familiares. El Festival del Doble Nueve, o Chongyang, forma parte de esa historia.

La preocupación actual por proteger a los mayores de los engaños encuentra un eco curioso en el origen del festival que este año se celebra el día 18. Según la tradición, el noveno día del noveno mes lunar era considerado un momento de exceso de energía yang y, por lo tanto, potencialmente peligroso. Para alejar los males, las personas subían a lugares elevados, llevaban ramas de cornejo y realizaban distintos rituales de protección.

En 1989, el Doble Nueve fue designado como el Día de Respeto a los Mayores. En todo momento (este incluido), la festividad conservó sus símbolos más tradicionales, pero su significado se fue ampliando al ritmo de una sociedad que empezó a envejecer y, claro, a cambiar. Los antiguos peligros asociados a la fecha dieron paso a preocupaciones mucho más mundanas y complejas de resolver, como la soledad y la distancia entre padres e hijos. 

Efectivamente, uno de los dilemas de los adultos mayores de hoy es que viven más, pero no necesariamente están más acompañados. Algunas familias están separadas por miles de kilómetros; otras, viven igual de lejos sin moverse de la ciudad.

La migración hacia las grandes ciudades modificó durante décadas la estructura de muchas familias y dejó a padres mayores viviendo demasiado lejos de sus hijos. En 2013, China buscó resolverlo con una reforma a la Ley de Protección de los Derechos e Intereses de las Personas Mayores, que estableció la obligación de los hijos adultos de mantener contacto y visitar regularmente a sus padres, además de atender sus necesidades económicas y afectivas. A la distancia, suena difícil imponer penas a los afectos.

En este contexto, la política de hijo único, derogada hace apenas una década, sumó un ingrediente adicional. Durante años, muchas familias quedaron estructuradas alrededor de un único descendiente, que podía terminar frente a la responsabilidad de cuidar a sus padres y, eventualmente, a sus abuelos. Una sola persona difícilmente podía hacerse cargo de semejante responsabilidad. Una persona no alcanzó para todos. El milagro chino, tampoco.

Mientras una campaña nacional enseña a los mayores a desconfiar de un enlace sospechoso o de una inversión demasiado buena para ser cierta, otra recuerda a sus hijos algo bastante más antiguo y mucho más simple. Que llamen. Que vayan. Que aflojen un poco. Porque, aunque crean que es algo ajeno, todos llevamos un viejo encima.

Últimas Publicaciones

Por 57 dólares sea protagonista de su propia película en el Hollywood de China

La ciudad de Hengdian convirtió sus escenarios cinematográficos en una atracción turística cada vez más convocante. Los visitantes pueden elegir entre 30 y 40...

Lu Min: «La escritura me permitió vivir otras vidas»

La autora de Cena para seis y El río dorado reflexiona sobre cómo la reforma y apertura cambió la vida de la gente común, la resonancia de sus...

China rescata a Mafalda

La agencia de noticias Xinhua realizó una amplia cobertura del homenaje al personaje de Quino, que se realiza en la ciudad de Buenos Aires....

El cine latinoamericano encontró sus respuestas en el camino de China

El Festival Internacional de Cine de Pingyao reúne películas de México, Argentina y Colombia, con historias que recorren la soledad, la identidad y la...

Semana dorada: el toma y daca de los descansos en China

Millones de chinos se movilizan por todo el país durante los festejos del Día Nacional, gracias a un sistema similar a los feriados puente...