Por Jennifer Ruiz (Desde Beijing)
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, llegó este martes a China con el objetivo de cerrar nuevos acuerdos energéticos que permitan reforzar las exportaciones de petróleo y gas ruso, consideradas esenciales para sostener la debilitada economía del país y financiar la ofensiva militar en Ucrania.
La visita se produce apenas unos días después del encuentro en Pekín entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el mandatario chino, Xi Jinping, un movimiento interpretado por medios oficiales chinos como una señal del creciente peso internacional de China como “epicentro diplomático mundial”.

Desde el Kremlin intentaron restar relevancia a cualquier paralelismo entre ambas visitas. Yuri Ushakov, asesor de política internacional de Moscú, aseguró que “no existe ninguna relación entre la visita de Trump y la de Putin” y subrayó que Rusia y China “no se alían contra nadie”, aunque reconoció que sus posiciones en política exterior coinciden en numerosos aspectos.
La relación entre Moscú y Pekín se ha intensificado desde la ruptura de los vínculos económicos entre Rusia y la Unión Europea tras el inicio de la guerra en Ucrania. Mientras que la relación entre China y Estados Unidos se desarrolla entre potencias equivalentes, Rusia depende cada vez más del comercio con el gigante asiático.
Putin visita China prácticamente cada año. Su último viaje tuvo lugar en septiembre de 2025 y ya está prevista una nueva visita en noviembre, coincidiendo con la cumbre de la APEC en Shenzhen.

En esta ocasión, el encuentro con Xi coincide además con el 25 aniversario del Acuerdo de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación firmado entre ambos países en 2001.
El mandatario ruso viajará acompañado por una delegación de 39 personas y será recibido oficialmente en la plaza de Tiananmén. Según adelantó Ushakov, ambos líderes firmarán cerca de 40 acuerdos bilaterales, incluidos documentos sobre cooperación estratégica y sobre la construcción de un “nuevo orden mundial”.

Uno de los principales objetivos del Kremlin es avanzar definitivamente en el proyecto del gasoducto Fuerza de Siberia-2, una infraestructura de 2.900 kilómetros destinada a transportar gas ruso hacia China a través de Mongolia.
Putin ya había adelantado el pasado 9 de mayo que esperaba lograr “un importante paso adelante” en la cooperación energética con Pekín. A la reunión también asistirán los presidentes de Rosneft y Gazprom, Ígor Sechin y Alexéi Miller.
Durante el último año, Rusia suministró a China 101 millones de toneladas de petróleo y 49.000 millones de metros cúbicos de gas. Un eventual nuevo acuerdo permitiría aumentar significativamente estas cifras.

El estrecho de Ormuz acelera el acercamiento
La guerra en Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han reforzado el interés chino por diversificar sus rutas energéticas y garantizar suministros terrestres más seguros.
Según el Kremlin, Rusia busca consolidarse como proveedor energético fiable en medio de la crisis en Oriente Medio, mientras China intenta reducir su dependencia de las importaciones marítimas procedentes de Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Aunque Pekín mantiene su apuesta por las energías renovables y el vehículo eléctrico, la incertidumbre geopolítica actual podría acelerar la firma de nuevos acuerdos energéticos con Moscú.
La visita de Putin evidencia así cómo la energía continúa siendo una herramienta clave en la redefinición del equilibrio geopolítico global y en la creciente aproximación estratégica entre Rusia y China.
