Mo Yan: “La IA puede imitar estilos, pero no recrear el mío ”

El escritor chino habla sobre el significado de su obra «Sorgo Rojo», dice que «la maldición del Premio Nobel» no tiene poder sobre él y, en tiempos de videos de 15 segundos, sostiene que «las novelas largas son irremplazables».

Llibres – 2025-08-29 14 33 35 12:00:00

Mo Yan nunca quiso ser una estatua. Ganó el Nobel en 2012 y desde entonces carga con la etiqueta de “genio rural” que lo persigue en cada entrevista. Pero él prefiere seguir escribiendo, adaptando, transformando. Y, de paso, desarmando supersticiones. “La llamada maldición del Nobel no tiene poder sobre mí”, le dijo al Global Times.

A días del estreno de la ópera Sorgo Rojo en el Centro Nacional de Artes Escénicas de Pekín, el escritor vuelve a su novela más emblemática y a los campos de su Shandong natal, convertidos en símbolo nacional. “El sorgo no es solo una planta, es vitalidad, rectitud, pasión ferviente, tenacidad inquebrantable”, resume, como si hablara tanto de literatura como de la propia China.

La adaptación —mezcla de ópera popular de Shandong y orquestación sinfónica— es, según Mo Yan, un “renacimiento del fénix”. Una forma de probar que los clásicos pueden ser contemporáneos si se los alimenta con la energía justa. Lo dice él, que ha visto cómo Sorgo Rojo pasó de novela a cine con Zhang Yimou y ahora a escenario lírico, sin perder nunca la raíz.

El escritor también se da tiempo para polemizar. No cree que la inteligencia artificial amenace su oficio: “Puede imitar estilos, pero no puede recrear el mío”. Para él, el valor de un autor está en inventar lo que nunca antes fue escrito, incluso por sí mismo.

Tampoco compra la mirada occidental que juzga la literatura china con reglas ajenas. Prefiere una definición más directa: “Las obras reconocidas por la mayoría son buenas obras”. Ni más, ni menos.

En tiempos de lecturas fragmentadas y videos de quince segundos, Mo Yan se mantiene clásico: “Las novelas largas son irremplazables”. Y aunque el mundo cambie de formato, asegura que los relatos que tocan fibras profundas seguirán ahí, como los campos de sorgo bajo la nieve: ardiendo en rojo, resistiendo el invierno.

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