Salman Rushdie: “Oscuridad es la palabra que mejor define el presente”

El escritor Salman Rushdie reapareció esta semana con la publicación en español de La penúltima hora, un libro que marca su regreso al género del relato después de más de tres décadas y que funciona, según sus propias palabras, como una reflexión sobre “el acto final en la vida y la obra de los artistas”, en un contexto histórico que definió sin rodeos como sombrío.

Con el cristal derecho de sus gafas velado a modo de parche, secuela del ataque que sufrió en 2022, Rushdie se mostró distendido y con humor durante el encuentro virtual. “No tengo ningún plan de retirarme”, aseguró, y agregó que le “lamentó” escuchar que Julian Barnes anunciara que su último libro sería el definitivo. “Espero que cambie de opinión”, comentó entre risas.

El autor nacido en Bombay explicó que La penúltima hora, editado por Random House, reúne cinco cuentos surgidos sin un plan previo. “Ha crecido de una forma no premeditada”, dijo, y relató que todo comenzó con “un primer texto con un fantasma que resultó corto” y que fue dejando de lado hasta que “se fueron sumando otras historias”. Los escenarios del libro recorren India, el Reino Unido y Estados Unidos, lugares que, según afirmó, forman parte de su idea de hogar. “El hogar es plural”, sostuvo. “India es demasiado grande, así que mi hogar son unos cuantos barrios de Bombay. En Londres tengo familia y amigos y en Estados Unidos llevo más de 25 años”.

En ese sentido, vinculó la experiencia personal con una condición más amplia de la época. “Vivimos una era de movimiento y migración y esto tiene que ver con la identidad múltiple”, planteó. Para Rushdie, esa identidad fragmentada atraviesa tanto la vida contemporánea como la literatura que intenta narrarla.

El escritor también se refirió a los libros que publicó en los últimos años, desde la novela Ciudad Victoria hasta Cuchillo, el testimonio sobre el ataque que casi le cuesta la vida. Recordó que durante más de una década vivió escondido tras la amenaza decretada en 1989 por Los versos satánicos y que, cuando parecía un episodio cerrado, “llegaron las puñaladas”. Sobre el documental de Alex Gibney presentado en Sundance, adelantó que “es una película de terror que se convierte en una historia de amor” y expresó su deseo de que pronto encuentre distribución.

Al hablar del nuevo libro, Rushdie defendió el relato como forma literaria y evocó la influencia de Borges. “Los relatos te permiten escribir algo serio y que se lea con profundidad”, afirmó. Contó que uno de los cuentos vuelve al universo de Hijos de la medianoche porque “cuando empiezo a trabajar, el lugar en el que sitúo la historia es muy importante”, y explicó que allí quiso hablar “de la naturaleza ridícula de los superricos y también del milagro del arte”.

Las referencias culturales del libro incluyen homenajes a E. M. Forster y Alan Turing, así como una historia inspirada en una visita al Museo del Prado. “He pensado con frecuencia en Goya como inspiración”, reconoció. “Hay resonancias en sus historias con el mundo de hoy”.

El eje temático de La penúltima hora gira en torno a cómo los artistas enfrentan su etapa final, una preocupación que Rushdie asoció con haber visto la muerte de cerca. “Beethoven lo afrontó furioso y aun así compuso la Novena Sinfonía”, recordó. “Dylan Thomas escribió ‘rabia, rabia, ante el ocaso de la luz’, y las obras finales de Picasso hoy son más apreciadas por su maestría”. Al compararse con otras etapas de su vida, fue directo. “Cuando era joven escribía de gente joven y ahora de cómo los artistas encaran el final”.

Consultado sobre el clima político y social actual, señaló que en las décadas de 1960 y 1970 sentía que “había algo esperanzador”, pero que hoy la percepción es muy distinta. “Oscuridad es la palabra que define el presente”, afirmó, aunque aclaró que “cuando has vivido muchos años ya sabes que las sociedades cambian y que nada permanece”.

Rushdie sostuvo que la literatura puede ser una forma de resistencia. “Es la mejor forma que yo he encontrado de responder al mundo en el que vivo”, dijo, y explicó que “la escritura cambia según lo hace el mundo”. En relación con la profunda polarización en Estados Unidos, advirtió que “lo común no funciona, la comunicación no fluye” y que “el idioma se ha roto”, una situación que consideró “muy alarmante” para las sociedades.

Sin hacer pronósticos políticos ni referirse a Irán, ironizó sobre su relación con las profecías y criticó la prohibición de libros en escuelas estadounidenses. “Es un problema y una violación de la Primera Enmienda”, afirmó. Al cierre, dejó una reflexión que sintetiza su mirada sobre el oficio. “No sé si la literatura es útil”, dijo, pero señaló que un escritor siempre intenta “construir pequeños mundos” donde los lectores “puedan disfrutar, llorar y reír”, incluso cuando el presente parece dominado por la oscuridad.

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