Viaje al mercado flotante de Srinagar

Antes de que amanezca por completo y el lago Dal todavía conserve el silencio de la noche, decenas de embarcaciones comienzan a deslizarse sobre el agua cargadas de cajones de verduras frescas, flores y hierbas aromáticas, dando forma a una de las escenas más singulares de Srinagar, la capital de verano de Cachemira bajo administración india, donde el comercio cotidiano se organiza desde hace siglos sobre una superficie flotante.

El mercado de verduras del Dal no es un atractivo pensado para turistas ni una recreación folclórica, sino un espacio de trabajo real que sostiene a cientos de familias de la región y articula una economía local marcada por la estacionalidad, el clima y las tensiones políticas que atraviesan a Cachemira desde hace décadas. Allí, agricultores y comerciantes llegan remando desde los canales y aldeas cercanas con la mercadería cosechada el día anterior, dispuestos a negociar precios sin bajarse nunca de sus shikaras, las tradicionales embarcaciones de madera.

El intercambio ocurre en voz baja, entre gestos rápidos y miradas entrenadas, mientras los productos pasan de una barca a otra sin tocar tierra firme. Coliflores, espinacas, nabos, calabazas y ramos de flores de loto circulan en un sistema aceitado por la costumbre, donde cada vendedor conoce a sus compradores habituales y sabe cuánto puede pedir según la calidad y la demanda. “Acá todo se decide en el agua”, explicó un comerciante local, que participa del mercado desde que era adolescente y aprendió el oficio acompañando a su padre.

La dinámica del mercado responde también al ritmo del lago, que impone horarios y límites. Las transacciones comienzan antes del amanecer y se concentran en las primeras horas del día, cuando el agua está calma y la temperatura resulta más amable. Con el correr de la mañana, el mercado se dispersa y las embarcaciones se retiran hacia los canales, donde muchas familias viven en casas flotantes o en construcciones levantadas sobre pilotes.

En una región atravesada por conflictos políticos y militares, este mercado funciona como un espacio de continuidad y resistencia silenciosa. “Pase lo que pase, nosotros venimos igual”, aseguró otro de los vendedores, que reconoció que las restricciones a la circulación, los controles de seguridad y los cierres temporales afectan el comercio, pero no logran interrumpirlo del todo. “Si no salimos al lago, no comemos”, resumió.

Además de su valor económico, el mercado flotante cumple un rol social clave, ya que permite el abastecimiento de verduras frescas a barrios enteros de Srinagar y a pequeños comercios de la ciudad. Buena parte de lo que allí se vende termina pocas horas después en los puestos callejeros y en las cocinas familiares, manteniendo viva una cadena de producción y consumo que depende del lago como eje central.

Mientras el sol termina de elevarse sobre las montañas que rodean Srinagar y el Dal recupera el movimiento habitual de turistas y pescadores, las últimas shikaras del mercado se alejan cargadas de cajones vacíos. La escena se disuelve, pero se repetirá al día siguiente, como lo viene haciendo desde generaciones, en un lugar donde la economía, la memoria y la vida cotidiana siguen flotando sobre el agua.

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