El negocio de recomendar libros: la doble cara de los bookfluencers en China

En China, el algoritmo convirtió la recomendación de libros en un gran negocio. Un escándalo que expuso más de 700 reseñas en un año puso en duda la autenticidad de los bookfluencers y reveló cómo la industria editorial vende cada vez más influencia que lectura.

El video de 25 minutos se publicó en Xiaohongshu (RedNote), la plataforma que funciona como una mezcla de Instagram y Pinterest, y fue el termómetro de las tendencias entre los jóvenes chinos. Quien lo subió fue el vlogger afincado en Tianjin conocido como «Jefe de Lectura», un creador de contenido que se ganó cierta reputación por desmontar el lado oscuro de la industria de las reseñas literarias . En la grabación, desplegó una hoja de cálculo de Excel impresa de casi cinco metros de largo que enumeraba los más de 700 libros que un influencer anónimo con medio millón de seguidores había recomendado solo en 2025 . El cálculo era implacable: casi dos libros al día, todos los días, sin descanso.

El escándalo no estaba tanto en la cantidad como en la calidad del engaño. Las reseñas examinadas estaban plagadas de frases hechas, exageradas y hasta contradictorias. El influencer se había declarado «transformado» por diecisiete libros y «sanado» por otros treinta y tres, todo en el mismo año . La comunidad de lectores, que ya venía quejándose de la falta de autenticidad, encontró en ese video la confirmación de lo que muchos sospechaban. Lo que se suponía que era un espacio de descubrimiento literario se había convertido en una fábrica de recomendaciones en serie.

El fenómeno de los bookfluencers no es nuevo en China, pero su escala y su impacto económico sí lo son, destaca un informe de The Word of Chinese. El negocio funciona así. Un bookfluencer con una base de seguidores sólida puede recibir comisiones de entre el quince y el treinta por ciento de las ventas generadas a través de sus canales. Las editoriales destinan presupuestos específicos a estas colaboraciones, y hay casos emblemáticos que demuestran el poder de esta maquinaria. La novela «The Last Quarter of the Moon», por ejemplo, pasó de 600.000 a más de 6 millones de ejemplares después de que un influencer la recomendara . La editora Bai Bai lo explica sin vueltas: «Si ningún influencer está dispuesto a promocionar un libro, el libro queda condenado al fracaso en el mismo momento de su publicación» .

En 2025, China registró 689 millones de usuarios de lectura digital, y la tasa de lectura adulta alcanzó el 82,3 por ciento . Estas cifras, que deberían ser motivo de celebración, encierran una paradoja. La lectura, actividad que exige tiempo, silencio y una cierta disposición a la lentitud, choca con la lógica del algoritmo, que premia el volumen y la frecuencia. Los bookfluencers no pueden permitirse leer un libro durante semanas y luego publicar una reseña reflexiva. Necesitan salir al ruedo constantemente, y eso significa a veces recomendar libros que apenas han hojeado o, en el peor de los casos, usar inteligencia artificial para generar reseñas rápidas.

Anqian Reads, uno de estos creadores, lo confesó con una honestidad que duele: «Lo irónico es que, desde que soy influencer de libros, tengo menos tiempo para leer». Detrás de esa confesión se esconde el drama de un sector que vive en la precariedad. La mayoría de los bookfluencers sobrevive con ingresos inestables que los empujan a publicar más reseñas y exagerar el impacto emocional de los libros para no desaparecer en el maremágnum de contenidos. La competencia es feroz, y el algoritmo no entiende de matices.

El asunto tiene otra cara igual de perturbadora. Las librerías modernas en China están invirtiendo en interiores diseñados específicamente para ser fotografiados y subidos a las redes sociales. Los libros se convierten en accesorios, objetos para ser mostrados antes que leídos. La experiencia estética de estar en una librería se ha vuelto más importante que el contenido de los libros que se venden en ella. Es la victoria del escenario sobre el texto.

El escándalo del video de 25 minutos es un síntoma de que la industria editorial china necesita el impulso viral para mover ejemplares, pero los lectores empiezan a reclamar reseñas honestas y descubren que muchas recomendaciones no son más que campañas publicitarias disfrazadas de pasión literaria. Mientras tanto, el algoritmo sigue su curso, implacable. Los libros se venden, los influencers se agotan, y la lectura, esa vieja práctica que requería tiempo, silencio y una cierta idea de la lentitud, se convierte en otro producto de la prisa.

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