¿Qué hay detrás del relato sobre el supuesto “exceso de capacidad” de China?

Es ampliamente reconocido que los productos fabricados en China han transformado los mercados mundiales. Desde los equipos de aire acondicionado de los que dependen los hogares europeos para sobrellevar los veranos cada vez más calurosos, hasta los paneles solares que permiten a millones de familias hacer frente a la volatilidad de los precios de la energía, pasando por los componentes de inteligencia artificial que impulsan la próxima generación de tecnologías digitales, la presencia de la manufactura china es omnipresente. Sin embargo, interpretar la fortaleza exportadora de China únicamente como un problema de “exceso de capacidad” podría dejar de lado aspectos mucho más importantes.

Desde el inicio de la Revolución Industrial, los centros manufactureros del mundo nunca han permanecido estáticos. Primero fue Reino Unido, cuyo producto industrial llegó a representar el 22,9% del total mundial en 1880. Posteriormente, Estados Unidos alcanzó el 44,7% de la producción industrial mundial en 1953. Tras la Segunda Guerra Mundial, el mapa industrial se volvió más diversificado. La manufactura se desplazó de Estados Unidos hacia Europa, luego hacia Japón y posteriormente hacia Asia Oriental. En la actualidad, los tres grandes polos manufactureros del mundo -América del Norte, Europa y Asia Oriental- concentran, respectivamente, el 17%, el 17% y el 38% del valor agregado manufacturero mundial.

En este contexto, el papel de China como centro de producción es el resultado de su inserción en la división internacional del trabajo, más que de una expansión aislada.

El propio concepto de “exceso de capacidad” es, en realidad, impreciso y objeto de debate, ya que no existe una definición universalmente aceptada entre los organismos internacionales. En las economías de mercado, la relación entre oferta y demanda atraviesa naturalmente ciclos de equilibrio, desequilibrio y reequilibrio. Nunca ha existido un estado permanente de equilibrio entre capacidad productiva y demanda.

Un indicador utilizado con frecuencia para evaluar la existencia de exceso de capacidad es la tasa de utilización de la capacidad instalada. En las economías desarrolladas y de rápido crecimiento, este indicador suele ubicarse entre el 75% y el 80%, mientras que en los países en desarrollo generalmente oscila entre el 50% y el 64%. En 2025, la tasa de utilización de la capacidad instalada de las empresas industriales de tamaño designado -aquellas con ingresos anuales por actividad principal superiores a 20 millones de yuanes (unos 2,8 millones de dólares)- alcanzó el 74,4%, con niveles aún más elevados en la manufactura de alta tecnología, la fabricación de equipos avanzados y las industrias estratégicas emergentes, cifras muy por encima de lo que normalmente se asociaría con una situación de exceso de capacidad.

El caso del superávit comercial

Un superávit comercial no implica necesariamente la existencia de exceso de capacidad. A lo largo de la historia, las principales economías manufactureras -entre ellas Reino Unido, Estados Unidos, Japón y Alemania- han registrado prolongados períodos de superávit comercial. Alemania y Japón, por ejemplo, han mantenido con frecuencia superávits en cuenta corriente superiores al 6% de su PIB. Economías emergentes también han seguido trayectorias similares. Indonesia y México se han convertido en importantes economías superavitarias, mientras que Brasil y Vietnam han mantenido superávits comerciales durante la última década.

A escala sectorial, la especialización comercial constituye una práctica habitual. Alrededor del 80% de la producción estadounidense de semiconductores se destina a la exportación, mientras que aproximadamente dos tercios de las entregas de aviones comerciales de Boeing tienen como destino mercados fuera de América del Norte. En 2025, la Unión Europea registró superávits comerciales de 92.200 millones de dólares en automóviles, 214.600 millones de dólares en productos farmacéuticos y 11.600 millones de dólares en cosméticos.

China tampoco es la única beneficiaria de su ecosistema exportador. Las empresas extranjeras instaladas en el país captan una parte significativa del valor generado. En 2025, las empresas con inversión extranjera representaron el 27% de las exportaciones chinas y el 16% de su superávit comercial, mientras que tanto el crecimiento de su superávit como el de sus beneficios superaron al de las empresas nacionales.

Las exportaciones tampoco son consecuencia de una demanda interna débil. Entre 2013 y 2024, la demanda interna aportó en promedio el 93% del crecimiento económico de China. El consumo y la inversión representaron aproximadamente el 55% y el 38%, respectivamente.

De hecho, dentro de la estructura comercial china, las importaciones están creciendo más rápidamente que las exportaciones. En el primer semestre de este año, las importaciones aumentaron un 22,1%, frente a un crecimiento de las exportaciones del 13,4%. Asimismo, las ventas minoristas totales de bienes de consumo pasaron de 23,8 billones de yuanes (unos 3,3 billones de dólares) en 2013 a 50,1 billones de yuanes (unos 7 billones de dólares) en 2025, más del doble en ese período. Ajustado por paridad de poder adquisitivo según el Banco Mundial, el mercado minorista chino equivalía en 2025 a 1,7 veces el de Estados Unidos, convirtiéndose en el mayor mercado de consumo del mundo medido por poder adquisitivo.

¿A qué se enfrentarían los países sin las exportaciones de China?

Imaginemos un mundo privado de la capacidad manufacturera a gran escala de China. El primer impacto sería una electricidad más cara y un suministro energético más volátil.

En medio de las prolongadas tensiones en Oriente Medio, la transición hacia las energías limpias ya no constituye únicamente un compromiso climático, sino una necesidad estratégica. Algunos países incluso se han visto obligados a recurrir nuevamente al carbón para satisfacer su demanda energética. La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que, para cumplir los compromisos climáticos, el mundo enfrentará un déficit de 0,9 teravatios (TW) de capacidad instalada de energías renovables hacia 2030.

Durante la última década, el costo nivelado promedio de la electricidad generada por proyectos eólicos y solares fotovoltaicos disminuyó más del 60% y del 80%, respectivamente, en gran medida gracias a la capacidad productiva de China, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, según siglas en inglés).

Pakistán constituye un ejemplo ilustrativo. Gracias al rápido crecimiento de la energía solar fotovoltaica distribuida -cuya capacidad instalada pasó de menos de 1 GW a más de 51 GW, impulsada principalmente por importaciones procedentes de China- el país redujo sus importaciones de petróleo y gas en un 40% entre 2022 y 2024, lo que le permitió ahorrar aproximadamente 12.000 millones de dólares y mitigar el impacto del cierre de rutas estratégicas de transporte marítimo.

Los consumidores también enfrentarían un aumento del costo de vida. En Estados Unidos, las restricciones a las importaciones procedentes de China han incrementado los gastos anuales de un hogar típico de clase media entre 1.200 y 4.700 dólares, debido a que los proveedores alternativos no han logrado cubrir plenamente la oferta. Por su parte, el Banco Central Europeo estima que un aumento del 10% de las importaciones de la Unión Europea procedentes de China en 2026 reduciría en 1,6% el precio promedio de las importaciones del bloque.

Las economías en desarrollo afrontarían además otro desafío: perder el acceso a maquinaria y equipos industriales asequibles necesarios para avanzar en su proceso de industrialización, desde máquinas de coser y maquinaria textil hasta máquinas y herramienta industriales. Entre 2012 y 2024, China exportó más de 30.000 millones de dólares en maquinaria textil a países en desarrollo, contribuyendo a que Vietnam, Pakistán, Bangladesh y otros países se consolidaran como importantes productores y exportadores textiles.

Al mismo tiempo, China amplió los mercados para estos países. Entre 2010 y 2025, las importaciones chinas de bienes intensivos en mano de obra procedentes de otros países en desarrollo y de los países menos adelantados aumentaron 3,5 veces y 16 veces, respectivamente.

Para las economías desarrolladas, una parte importante de las ganancias de sus empresas multinacionales también desaparecería. En 2025, aproximadamente el 27% de los productos fabricados en China para exportación fueron producidos por unas 82.000 empresas extranjeras establecidas en el país. Según el Consejo Empresarial Estados Unidos-China, el 92% de las empresas estadounidenses encuestadas continuaron obteniendo beneficios en sus operaciones en China durante 2025. Otra encuesta realizada por la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China mostró que el 75% de las empresas europeas consideraban que su eficiencia productiva en China era superior a la de cualquier otra región del mundo.

(*) El autor es editor especializado en China de la red de medios Internews Pakistan y actualmente colabora con la Escuela de Política Pública y Gestión de la Universidad de Tsinghua, en Beijing, China.

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