Dónde fue a parar el consumo en China

Beijing rechaza estar atravesando una crisis de consumo interno y plantea que los gastos de las familias en servicios y nuevas experiencias crecen cinco veces más rápido que las tradicionales compras de bienes de uso. Occidente lee el mismo dato, pero al revés.

En un centro comercial de Xiamen, en el sureste de China, un negocio de electrodomésticos anuncia un descuento del 15% a quienes entreguen su viejo televisor y compren uno nuevo. A pocos metros, una agencia de viajes presenta paquetes para observar aves migratorias en el estuario del río Amarillo y también ofrece entradas para conciertos que se agotan en minutos. Los dos locales conviven, pero cuentan historias distintas. Uno depende de un programa gubernamental que ayuda a la gente a renovar sus bienes de uso. El otro vende nuevas experiencias que, en principio, nadie necesita subsidiar.

La escena resume la actual redefinición del consumo en China, donde las ventas minoristas de servicios crecieron un 4,9% interanual en los primeros ocho meses de 2026, mientras las de bienes apenas lo hicieron un 1%. La brecha, de casi cinco veces, confirmó una realidad económica que ya había advertido el Buró Nacional de Estadísticas (NBS) al replantear la forma de medir los cada vez más variados gastos de los hogares chinos.

Si se mira solo el consumo de bienes que no levanta demasiado, China está en problemas, como plantean desde Occidente. Si se observa el conjunto de las variadas formas de gastar, el país es testigo de la transformación de su economía doméstica, como defienden desde el Ministerio de Comercio. La diferencia entre ambas miradas también está en qué se considera consumo y cómo se lo mide. La expansión de los servicios no significa necesariamente que las familias hayan dejado de comprar bienes para reemplazarlos por viajes, espectáculos o experiencias, sino que esas nuevas formas de gasto se incorporan a un mercado interno que ya no puede analizarse exclusivamente a partir de las compras tradicionales.

La gente no dejó de consumir, dejó de comprar ciertas cosas, insisten desde el NBS.

El economista Yu Chunhai, de la Universidad Renmin, explica que el consumo de los hogares representó alrededor del 40% del PBI en 2025, unos 1,5 puntos más que una década atrás, pero todavía lejos del 70% de las economías más desarrolladas. Dicho de otro modo: el cambio de hábitos de consumo es una realidad, pero la mudanza recién carga sus primeros muebles.

Wang Yiming, exvicepresidente del Centro de Investigación para el Desarrollo del Consejo de Estado, explica que cuando el PBI per cápita se aproxima a los 15.000 dólares, los servicios comienzan a ganar terreno en las decisiones de consumo, aunque sin desplazar necesariamente la compra de bienes. China estaría en esa fase, aunque con algún que otro desajuste propio de semejante transformación: la oferta de servicios crece, pero no necesariamente donde está la demanda; y la demanda de algunos bienes cae, porque prioriza otros consumos.

Una mirada mucho más crítica ofrecen los analistas estadounidenses Dinny McMahon y Andrew Polk, del Center for Strategic and International Studies (CSIS). En un informe sobre la transición económica china, advierten que los hogares reciben una porción relativamente pequeña de los beneficios generados por el crecimiento del país. A eso se suma, a su juicio, una protección social que consideran insuficiente, lo que llevaría a muchas familias a reservar dinero para afrontar gastos futuros en lugar de volcarlo al consumo.

Nuevas formas de gastar

Durante la semana de vacaciones por el reciente Día Nacional, los viajes turísticos internos totalizaron 826 millones, un 6,3% más en promedio diario que el año anterior, y el gasto total alcanzó los 738.375 millones de yuanes, un 4,3% más en la misma comparación. Mientras en el puerto de cruceros de Xiamen, las llegadas de embarcaciones crecieron un 33% en el primer semestre, alrededor de 400.000 personas asisten por año a los sitios de observación de aves del estuario del río Amarillo.

“Los consumidores pasaron de comprar productos a comprar tranquilidad, y de un consumo funcional a otro experimental, con lo cual buscan experiencias inmersivas, interactivas y gratificantes a nivel emocional”, resume Zhang Weihua, subdirector del Departamento de Cultura y Turismo de Shandong, en un informe de la agencia Xinhua.

Estas experiencias movilizan a cientos de millones de personas y tienen un efecto multiplicador sobre el consumo de productos asociados. Los anteojos inteligentes son un buen ejemplo de esa combinación. Sus ventas aumentaron un 120% interanual en los primeros ocho meses de 2026, gracias al interés que despierta su tecnología y, lo que no es menor, al subsidio del 15% sobre el precio que ofrece un programa de estímulo a la compra de productos digitales e inteligentes.

En efecto, el Programa de Recambio de Bienes de Consumo, que desde comienzos de 2026 respaldó 250 millones de compras, existe precisamente porque la demanda de bienes no siempre despega por sí sola. Como todos saben, en China confían más en la planificación que en eso de las fuerzas del mercado. Cada yuan invertido por el Estado genera más de diez yuanes en ventas, según un coeficiente de aprovechamiento de estos fondos, que pasó de 1:7,8 a 1:10,3, detalló Lin Jian, de la Academia de Comercio Internacional.

Ahora bien, no todo lo que cae es crisis ni todo lo que sube es milagro. Los consumos vinculados al petróleo disminuyeron un 6,1% interanual, empujados por el avance de los Vehículos de Nueva Energía (NEV), que ya representan más de la mitad de las ventas de autos nuevos en China. La transición energética y la del consumo van por caminos separados, es verdad. Que estos cambios modifiquen el mapa de lo que los hogares chinos compran, también lo es. Detrás de esas transformaciones hay una estrategia estatal que busca orientar el consumo hacia nuevas prioridades y, al mismo tiempo, sostener la demanda interna.

China rechaza la fórmula del «dinero lanzado desde helicópteros» (de Milton Friedman) que infla temporalmente los datos de consumo, pero provoca graves secuelas inflacionarias a largo plazo y un deterioro de las finanzas públicas, según escribió el comentarista Bi Jianlu en un artículo publicado en el sitio web Foreign Policy in Focus. En su lugar, el país asiático presentó su primer plan quinquenal dedicado a la expansión del consumo, con capítulos sobre empleo, ingresos, seguridad social y servicios públicos.

«El objetivo es construir una estructura en la que la población se sienta segura para gastar hoy y, sobre todo, también mañana», señaló Liao Min, viceministro de Hacienda, al explicar la estrategia oficial de acelerar el consumo de servicios de acá a 2030.

En ese contexto, uno de los temas pendientes del gobierno es cómo equilibrar el consumo a nivel nacional. Si bien las ventas minoristas de bienes en zonas rurales tuvieron este año un mayor crecimiento porcentual que en las ciudades, la realidad es que partieron de una base mucho menor. Otra cuestión es que tampoco todos los hogares urbanos participan por igual de la expansión de los nuevos consumos. Los avistamientos de aves, los recitales agotados y los cruceros muestran una parte de la transformación, pero no necesariamente la experiencia cotidiana de las familias con menores ingresos o que viven en regiones con menos oportunidades.

Beijing sostiene que su mercado interno no se detuvo, sino que aprendió a moverse en otras direcciones. Entre el impulso de los subsidios oficiales y la búsqueda de nuevas prioridades, la economía doméstica responde a un mapa de decisiones mucho más diverso que en el pasado. Cambiar un viejo televisor sigue teniendo su lugar, pero ya no alcanza para contar dónde realmente va a parar hoy el consumo en China.

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