La escritora india analiza La soledad de Sonia y Sunny, su primera novela en veinte años. Habla sobre migración, nacionalismo, miedo social y el avance de discursos autoritarios en EE.UU. e India. También reflexionó sobre la diáspora, la identidad y el desarraigo como marcas de la literatura contemporánea.
La escritora india Kiran Desai pasó el mes pasado por Buenos Aires para presentar La soledad de Sonia y Sunny, una novela atravesada por el desarraigo, la migración y las heridas de la identidad contemporánea. Fue una visita breve, pero cargada de definiciones sobre literatura, lenguaje, nacionalismo y pertenencia.
“Aceptar la incomodidad podría ser la única forma honesta de decir la verdad”, sostuvo Desai durante su paso por la Argentina, en una frase que condensó buena parte de las obsesiones que recorren su obra.
En sus intervenciones públicas habló sobre “el lenguaje, la diáspora y la literatura”. Y dejó una definición que funcionó casi como una declaración de principios: “La ficción nace de la invención, pero está atada a la sangre”.
Durante una de las conversaciones en Buenos Aires, la autora también vinculó su nueva novela con su propia experiencia vital. “La verdad es que no siento nostalgia. No creo que, cuando empecé a escribir este libro, comenzara desde ningún otro lugar. Crecí y crecí. Y llegué, a una edad que coincide algo sobre el desplazamiento, sobre la historia que se inscribe en la textura de la vida cotidiana, en una nueva significación. Buenos Aires tiene un vigor muy propio. La gente aquí entiende lo que significa estar nominado por el pasado, por cuestiones de nacionalismo y pertenencia. Así que, de algún modo, me parece acertado tener esta conversación aquí”, afirmó.

Desai presentó La soledad de Sonia y Sunny, su primera novela desde 2006, cuando ganó el Premio Booker por La herencia de la pérdida. La nueva obra vuelve sobre varios de los temas que marcaron toda su trayectoria: el exilio, la memoria, la identidad, la experiencia migratoria y las fracturas sociales que atraviesan tanto a India como a Estados Unidos.
Instalada desde hace años en Nueva York, la autora observó con preocupación el endurecimiento del clima político estadounidense respecto de los inmigrantes. “Es muy triste ver cómo echan a los inmigrantes y cómo no aceptan a los refugiados; el camino más fácil es culpar a los inmigrantes de los problemas internos de un país”, señaló.
La escritora remarcó además la contradicción entre el discurso antiinmigración y la dependencia estructural de la economía estadounidense respecto del trabajo migrante. “Cuando hablamos de Estados Unidos, resulta increíble la falta de respeto al trabajo que hacen los inmigrantes, porque es tan obvio cómo mantienen y sostienen el funcionamiento del país con sus trabajos en los mataderos, en las granjas; están haciendo el trabajo duro que otros no están dispuestos a hacer”, planteó.
Desai describió además el deterioro del clima social en Nueva York durante los últimos años. “Vivo en Nueva York, una ciudad que está llena de inmigrantes de Colombia, Uruguay, Ecuador, República Dominicana, Bangladesh y Nepal. Esa es la mezcla en mi vecindario. En los últimos dos años puedo oler el miedo en las calles”, afirmó.
En sus reflexiones sobre el nacionalismo, vinculó el avance de los discursos identitarios con una sensación creciente de aislamiento social. “La filósofa Hannah Arendt relaciona el auge del nacionalismo a la soledad; el auge del nacionalismo se da cuando las personas tienen la sensación de no pertenecer y quieren pertenecer a una historia que los identifica”, explicó.
Hija de padres indios y nacida en India, Desai vivió en Inglaterra y Estados Unidos y construyó una literatura marcada por el desplazamiento y la sensación de no pertenecer completamente a ningún lugar. En ese marco, su paso por Buenos Aires también funcionó como una reflexión sobre el desarraigo y las identidades partidas.

La autora contó además que durante la escritura de la novela encontró en América Latina una nueva forma de pensar la migración y el poder estadounidense. “Siempre digo que lo más maravilloso respecto a migrar a Estados Unidos es que es la puerta abierta a Latinoamérica”, sostuvo. Y agregó: “Los escritores latinoamericanos me enseñaron a comprender la influencia estadounidense”.
Durante su presentación en la Feria del Libro, Desai conversó sobre “el lenguaje y la diáspora”, y sobre la manera en que las migraciones modifican la experiencia íntima y la percepción del mundo. Según planteó, sus novelas suelen detenerse en “personajes suspendidos entre lugares”: personas que viven entre dos idiomas, dos memorias o dos formas distintas de entender la vida.
La visita de Desai dejó además otra idea central sobre la literatura contemporánea: que escribir implica habitar la incomodidad antes que resolverla. Una definición coherente con una obra que, desde hace décadas, explora qué significa partir y cómo se reconstruye una identidad lejos del origen.
